El 6 de octubre de 1974 se produjo la mayor goleada del profesionalismo. Por el campeonato Nacional, Banfield aplastó en su cancha al modesto Puerto Comercial de Bahía Blanca por 13-1, con siete goles de su centrodelantero Juan Alberto Taverna. En el amateurismo hay dos resultados superiores al de Banfield. En los inicios del fútbol, en el torneo de 1897, Belgrano Athletic (el mismo club de rugby actual) demolió por 14-0 al Palermo Athletic Club. Y en 1905, el poderoso Alumni de los hermanos Brown venció al Reformer de Campana por 14-0. Reformer era un equipo de empleados y obreros del frigorífico Smithfield que jugó en la primera década del siglo XX.
Volvamos a la tarde de Juan Taverna. Banfield había regresado a Primera tras ganar la B de 1973 y se topó con el cuadro oriundo de Ingeniero White, pero que hacía de local en la cancha de Olimpo. Allí, en la primera rueda, Banfield venció 4-0 a los bahienses, con dos goles de Taverna (surgido de las divisiones inferiores de Estudiantes de La Plata), uno de Luis Roselli y otro de Hugo Mateos. En la revancha, la distancia fue enorme y el resultado sorprendió a todo el mundo. Ningún jugador había convertido siete goles en un mismo partido.
Al término del primer tiempo el parcial fue 7-0, con cinco goles de Taverna, uno de Enrique Lanza y otro de Luis Roselli. Cuando los jugadores llegaron al vestuario ya habían tomado conocimiento algunos allegados por comentarios de periodistas que le faltaban dos goles a Taverna para batir el récord individual. Por esa razón, todo el segundo tiempo fue buscar la forma de ayudar a que Juanchi los consiguiera. El resultado se fue abultando (José Romero y Lanza pusieron el 9-0) y llegó el descuento de Mario Rachi.
El 10-1 lo convirtió Roselli y a los 26 minutos del segundo tiempo llegó el 11-1 a través del lateral derecho Eduardo Pipastrelli. Mientras tanto, Taverna estaba cada vez más nervioso porque se había errado dos goles muy fáciles. Sus compañeros insistieron, hubo un desborde de Roselli y su centro perfecto lo cabeceó Juanchi para estampar el 12-1. Había un problema: faltaban tres minutos y Roberto Goicoechea avisó que adicionaría apenas dos minutos. Cuando estaban muy cerca del final, el experimentado árbitro sancionó penal y todos pidieron que lo pateara Taverna. El defensor Solís le había cometido infracción.
Alrededor de cinco mil personas estaban en el estadio, el 99% hinchas del Taladro. El coro no se hizo esperar y Taverna, envuelto en una tensión llamativa, se dispuso a patearlo. En ese momento, pasó algo increíble, contado por el propio goleador, asado de por medio, años más adelante en Tandil. El juez Goicoechea le avisó al arquero de Puerto Comercial -Juan Alberto Tolú- algo que intentaremos transcribir: «Arquero, mire: este muchacho necesita hacer un gol más para batir el récord y si usted lo ataja lo hago patear de nuevo. Por favor, hágame la gauchada.» Medio en broma, medio en serio, así lo contó Taverna.
El goleador lanzó el remate defectuosamente, pero la pelota igual entró al arco bahiense. Fue 13-1, miles de abrazos y saludos para Juan Taverna, fallecido en 2014 a los 66 años. Su nombre es venerado en Estudiantes y en Banfield, pero pasó la barrera del bien y del mal y de todas las camisetas al conseguir estampar un récord que todavía no fue superado. Hace 45 años.





